Tatuaje de golondrina en el cuello
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Tatuajes

“Todos los tatuajes de esta colección especial se dirigían a una sola persona: el ex amante. Los abandonados y los despechados, los heridos y los airados llevaban una fotografía del ex amante al que no podían dejar de amar pero que querían borrar de sus vidas para siempre. La tía Zeliha estudiaba la fotografía y se devanaba los sesos hasta encontrar el animal al que esa persona se parecía. El resto era relativamente fácil. Dibujaba el animal y luego lo tatuaba en el cuerpo del desolado cliente. El proceso se adscribía a la antigua práctica chamánica de interiorizar y a la vez exteriorizar los propios tótems. Para fortalecerse a uno mismo había que aceptar al antagonista, darle la bienvenida y luego transformarlo. El ex amante quedaba interiorizado, inyectado en el cuerpo, y a la vez exteriorizado en la superficie de la piel. Con el ex amante situado en ese umbral entre interior y exterior, y hábilmente transformado en animal, la relación de poder del que abandona y el abandonado cambiaba. Ahora el amante tatuado se sentía superior, como si poseyera la llave del alma de su ex. En cuanto se alcanzaba esta etapa y el ex amante perdía su atractivo, los que sufrían de mal de amores podían por fin librarse de su obsesión, porque el amor ama el poder. Por eso podemos enamorarnos de los demás con un amor  suicida, pero rara vez podemos sentir amor por aquellos que se enamoran de manera suicida de nosotros”.

Fragmento de La bastarda de Estambul de Elif Shafak (1971- ), 2006

Traducción de Sonia Tapia.

Original en inglés:

“Every tattoo in this special collection was designed to address one person only: the ex-love. The dumped and the despondent, the hurt and the irate brought a picture of the ex-love they wanted to banish from their lives forever but somehow could not stop loving. Auntie Zeliha then studied the picture and ransacked her brain until she found which particular animal that person resembled. The rest was relatively easy. She would draw that animal and then tattoo the design on the desolate customer’s body. The whole practice adhered to the ancient shamanistic practice of simultaneously internalizing and externalizing one’s totems. To strengthen vis-à-vis your antagonist you had to accept, welcome, and then transform it. The ex-love was interiorized—injected into the body, and yet at the same time exteriorized—left outside the skin. Once the ex-lover was located in this threshold between inside and outside, and deftly transformed into an animal, the power structure between the dumped and the dumper changed. Now the tattooed lover felt superior, as if the key to the ex-love’s soul was in his or her hands. As soon as this stage was reached and the ex-love lost his or her appeal, those suffering from abiding heartache could finally let go of their obsession, for love loves power. That is why we can suicidally fall in love with others but can rarely reciprocate the love of those suicidally in love with us.”

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