Girasol a contraluz
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Equilibrio en una madre

Cuando menciono la palabra “equilibrio”, me refiero al que debemos aspirar en la vida en los diferentes aspectos, como la familia (que implica la maternidad si la mujer así lo decidió), la pareja, el trabajo, los amigos, los proyectos, el estudio, etc.

Para ser feliz la clave es estar en equilibrio en todos los aspectos, estar presente en cada uno de ellos.

Mientras que en el caso de una mujer que no tiene hijos este equilibrio se puede alcanzar más fácilmente, al menos en mi experiencia, cuando nace un hijo las cosas cambian (sé que es una obviedad), ya que el vínculo con ese nuevo ser es tan fuerte que es difícil enfocar energía o amor al resto de los aspectos.

Dejar a un bebe de tres meses en un maternal para ir a trabajar fue de los momentos más difíciles que viví en los últimos años. Hay una fuerza instintiva que te une a ese pichón que realmente no es fácil de vencer. Creo que cada madre decide en ese momento cómo manejar esa situación, pero déjenme decirles que hacer lo que cada una siente en ese instante las guiará por el camino correcto. Conozco madres que ese desapego no les costó mucho y conozco aquellas que prefirieron dejar de trabajar para atender a sus hijos día completo. Hace poco conversé con una madre de un pequeño de un año que había dejado su trabajo para cuidarlo. Si bien no se arrepentía de haberlo hecho y estaba llena de amor por su pequeño, se dejaba entrever que extrañaba el otro aspecto de su vida que implicaba la independencia económica y el trabajo per se. Por supuesto, ninguna decisión que se tome es definitiva, y estando vivos podemos acompañar los cambios con diferentes acciones, pero creo que mantener alimentados todos los aspectos de la vida llevará a acercarnos a la felicidad.

El mensaje que quiero transmitir es que hay que intentar llegar a ese equilibrio entre todos los aspectos de la vida para alcanzar la felicidad en el día a día.

Autora: Andrea Cabrera

Madre con hijo
Escribimos

Cuestiones de género: Maternidad

La maternidad es una etapa de la vida hermosa y disfrutable. La naturaleza da a las mujeres una herramienta biológica que permite crecer una vida dentro de nuestro cuerpo; para aquellas que deciden utilizar dicha habilidad biológica, este aspecto nos marca para el resto de la vida, en aspectos positivos, claro, pero nos asigna muchas responsabilidades, la enorme lista de estas no la voy a detallar porque sería una obviedad. Sí quiero hablar sobre una de las responsabilidades que creo debemos trabajar todas desde nuestro lugar y es respecto al vínculo con el padre y el rol del mismo.

El nacimiento de un hijo implica que, durante al menos 3 meses, la madre es el vínculo primero de ese nuevo humano por cuestiones biológicas, lo que conlleva a la generación de un vínculo instintivamente fuerte y único. He percibido la dificultad de que el padre del recién nacido se desenvuelva de igual manera que la madre ante el cien por ciento de las circunstancias del día a día. Muchas veces la madre, acostumbrada al manejo del recién nacido y el conocimiento de lo que le pasa, anula las habilidades del padre para poder descubrirlo de igual manera que ella lo hizo. Hay un fuerte peso social en este aspecto, por lo que creo que es una tarea de todas el permitir que el padre, que comparte igual proporción del acervo genético del bebé, se desempeñe de igual o mejor manera en todo lo que implican los cuidados.

Es probable que, ante una tarea difícil o desafiante, todo ser humano permita que quien tiene más facilidad se ocupe de ella. Al mismo tiempo, este último también puede preferir realizarla directamente en vez de “perder tiempo” explicándole al otro cómo hacerla. Es difícil soltar y dejar actuar, pero es un ejercicio que debemos tener presente principalmente en lo que implica compartir las responsabilidades que un hijo pequeño conlleva.

Parte de los esquemas sociales relacionados al género implican las tareas relacionadas a la maternidad y estoy de acuerdo con que no se puede negar que la naturaleza dio herramientas distintas a ambos sexos, pero desde el inicio hay que ser conscientes de que se siguen transmitiendo mensajes a los niños sobre las capacidades reducidas que tienen los hombres para esta tarea y, por lo tanto, la llevan a cabo las mujeres.

He evidenciado en mi núcleo familiar que mi pareja se desempeña igual o mejor en muchos aspectos del cuidado de nuestro hijo que yo. Esto me enorgullece no solo por confiar en él como compañero, sino por haberle dado su lugar para que se desarrollara feliz y con amor en ese rol.

Esto se ve reflejado en las pequeñas actividades diarias que realizan niños y niñas, como ir al baño, comer, leer un cuento antes de dormir, etc. Si bien, según lo que he visto, la gran mayoría prefieren hacerlas con ayuda únicamente de la madre, es deseable que se sientan felices haciéndolas con cualquiera de los dos, mamá o papá.

Muchas madres dicen: “lo hago porque quiero y me hace feliz”. Lo comparto y me pasa lo mismo, pero creo que hay que trabajar hombres y mujeres para que los padres puedan compartir ese aspecto y sentirse seguros de que lo puede hacer y hacerlo bien.

Autora: Andrea Cabrera